
Encender un auto con una llave electrónica es más que confort. La fabricación de estos mandos implica complejos procesos de manufactura y logística que ha facilitado el acuerdo de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México.
Sin embargo, ese flujo, que en algunos casos demanda hasta ocho cruces fronterizos y saca provecho de las diferentes capacidades productivas, se vería afectado si en cada etapa los empresarios tienen que pagar un arancel.
Uno de los principales insumos es la tarjeta electrónica PCB, proveniente de China y en la que se colocan los componentes que accionan funciones como apertura y encendido.
Tanto Trump como Canadá acusan a México de ser puerta de entrada de productos chinos en la región, pero la presidenta Claudia Sheinbaum niega ese señalamiento y prepara un plan para sustituir importaciones chinas.
Durante ese proceso, la pieza puede salir a Estados Unidos y volver a México. El número de veces depende de factores como la marca del auto, la ubicación de los proveedores o la complejidad del armado.
“Puedo meter (un producto) a la planta, sacarlo a que se pinte y volverlo a ingresar a mi producción (…) Hay intercambio entre países para continuar con los procesos”, explica Hernán Dueñas, gerente de logística de la fábrica, que pidió la reserva de su nombre por acuerdos de confidencialidad con sus clientes.
No es casualidad que las “key fob” sean hechas en México: este país es el séptimo mayor productor de automóviles y alberga armadoras de Ford, General Motors, Honda, Toyota, Volkswagen, BMW y Audi, que emplean miles de proveedores y personal calificado.
Luego de pasar por máquinas que sueldan sus componentes, la tarjeta electrónica se corta e inserta en una carcasa, y se añaden los botones.
Posteriormente, un proceso mecanizado verifica que los botones funcionen.
Bajo las reglas del T-MEC, negociado durante el primer mandato de Trump (2017-2021), 75% del contenido de un vehículo debe ser producido en Norteamérica para estar libre de aranceles.
Para Hernán Dueñas y otros miembros de la industria, el mayor beneficio del T-MEC es la ausencia de aranceles, pero también una “relación de confianza” que dinamiza los procesos.
“Llevamos una prioridad en la pila de proveedores, del montón de países (…) de donde vienen los materiales, que nos ayuda a que esto sea más rápido y menos costoso”, destaca.
Pero esas facilidades se irían al traste si desde el 4 de marzo se tiene que pagar un arancel cada vez que estos bienes crucen las fronteras.
“La dinámica de la producción no va a soportar”, advierte Philippe Waechter, jefe de investigación económica en la firma financiera Ostrum.
“Podríamos imaginar un bloqueo” del mercado automotor e “inmediatamente un aumento de 3.000 dólares en el precio (promedio) de los automóviles”, añade.
Con información de la agencia de noticias: AFP